Así han sido las cosas. A veces cuando me baño, o estoy limpiando, o estoy cocinando empiezo a pensar muchas cosas. Empiezo a pensar que me hubiera encantado ser una de esas niñas super lista e inteligente desde muy pequeña, de esos niños excepcionales que hay en las escuelas y en los salones de clases que saben todo lo que les preguntan las maestras, que ganan premios y concursos por su gran inteligencia, y a los que todo el mundo admira. No sé por qué no fui eso. Al contrario, fuí una niña distraida, a la que la escuela le valía gorro total, que no sabía nada, que me costaba mucho trabajo entender las cosas, que no ponía empeño, y que envidiaba a cada uno de esos niños superdotados con los que conviví. La verdad, no puedo haber infancia más miserable y solitaria que la mía, sientiéndome siempre menos que los demás. Y la verdad es que arrastré esa tontez y esa ignorancia los años subsiguientes de mi vida, envidiando siempre envidiando a los y las demás.
He llegado a pensar que me gustaría mucho poder regresar el tiempo mas no el conocimiento y la seguridad en mi misma que ahora poseo, y revivir todos esos momentos incómodos que pasé en la escuela pero ahora saliendo victoriosa y poniendo a todos en su lugar.